Desde el libro de Guy Debord (La société du spectacle), hace de esto ya cuarenta años, sabemos que la “representación” se ha invertido. La delegación de voluntad del ciudadano en sus electos políticos es hoy arqueología. En “representación” pasa a primar el significado teatral. El Estado se “representa”, se exhibe en espectáculo, mediante la red tupida de máquinas de producción imaginaria que cubren hasta el último segundo de la vida del ciudadano en las sociedades desarrolladas, sin distinción ya verosímil entre público y privado. Se “representa”, así, el Estado en la mente de cada ciudadano, la construye a su medida. Y no es ya necesario siquiera distorsionar nada. La realidad que cada individuo recibe es la que la red de máquinas mediáticas del poder ha diseñado milimétricamente. No hay ya más realidad que la inventada. [Comentario original]

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